#UrbanKidPenPal · escrito en diciembre de 2016
Cuando echo de menos a mi padre, escribo un artículo.

En 1994 tenía 13 años y un amigo por correspondencia: David G. Kendall, profesor de la Universidad de Cambridge.
Hace poco encontré en casa una de sus cartas y quise buscarlo, a ver si daba con él. Di con él. David nos dejó en 2007, a los 87 años.
Me quedé de piedra al descubrir que David había sido una eminencia de las matemáticas británicas.
Mi padre, una eminencia local en el mismo mundo de la probabilidad, nos había presentado en un congreso de matemáticas en Sinaia. Creo que fue también la última vez que salí de la ciudad con mi padre.

David Kendall was the first Professor of Mathematical Statistics at Cambridge University and the founding father and grand old man of British probability.


Le contaba a David mi emocionante vida de chaval de 13 años; él me respondía con cartas largas, de páginas numeradas, dobladas por la mitad y llenas de lecciones de vida. Llegaban en sobres que en Rumanía no teníamos, con la reina en el sello.
Ya no recuerdo qué tal escribía en inglés, pero estoy seguro de que mi padre se aseguraba de que escribiera algo legible.
Recuerdo que su letra me fascinaba. No era muy legible, pero sus g y sus y tenían una personalidad que yo quería copiar.
Me contaba su día a día, su pasión por la astronomía y la arqueología, y la alegría de encontrar una concha fósil en Whitby, en la costa noreste de Inglaterra.
Volvía cada verano a la costa cerca de Whitby, porque su madre y todos sus antepasados habían vivido allí, y cada año descubría primos nuevos.
Me parecía fabuloso que un hombre tan importante sacara tiempo para escribir a un chaval de 13 años. Me gustaba pensar que, con lo ocupado que estaría, yo era probablemente su único amigo por correspondencia, y eso hacía que valorara aún más nuestra amistad.
Unos años después el correo electrónico se volvió habitual, y los amigos por correspondencia siguieron sus bonitas amistades con mensajes rápidos y fríos, pero que llegaban al instante.

No sé vuestros hijos, pero mi hija está descubriendo los secretos del alfabeto y, aunque no tiene deberes (cosas de Waldorf), la veo escribir cosas en trozos de papel por toda la casa. Su último amigo por correspondencia fue el mismísimo San Nicolás.
Me encantaría que escribiera a otros niños. Y creo que a otros les encantaría escribirle. ¿Qué decís, lo hacemos a la antigua?
Puedes hacer absolutamente todo en la vida, con una sola regla: no molestar a los demás.
Mihai Dragomirescu padre
Lo que pasó después · noviembre de 2026
El proyecto cuajó. Yo no lo terminé.
Tras este artículo se apuntaron más de 70 niños y adultos, de Rumanía y de la diáspora, de Norwich a Wil y Delft. El plan era sencillo: después del 13 de diciembre los emparejaría en una hoja de cálculo y enviaría a cada familia la dirección de un amigo por correspondencia.
Nunca terminé la parte técnica. Quienes se apuntaron nunca recibieron un amigo por correspondencia. Les debo una disculpa, y la pido aquí, donde hice la promesa.
En noviembre de 2026 retomé el proyecto, esta vez con un sistema que de verdad empareja a las personas, por idioma, edad y lo que les gusta. Acabo de escribir a cada familia que se apuntó entonces, con la fecha de su inscripción y una pregunta: ¿seguís queriendo un amigo por correspondencia? Quien diga que sí va primero.




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